

“Me sentí empoderado por ese sentimiento de que cuando me equivoco, me equivoco bien”, cuenta Duplat a Apple Music. En nuestra naturaleza, cometer errores es más común que acertar. Sin embargo, aceptar los primeros, e incluso celebrarlos, es un tabú. Y entender que detrás de cada traspié hay crecimiento, quizás sea lo único a lo que nos podemos aferrar como humanidad. Autogol es el nombre con el que Duplat decidió titular irónicamente un disco en el que admite su camino hacia el autosabotaje. Un gol en propia puerta que termina convirtiendo en aprendizaje para la posteridad. Poner el balón con fuerza en la media cancha y reanudar el juego para ir por la remontada. Y es que el artista bogotano tiene esa cualidad de hacer música coming of age para todas las épocas, de inyectarnos sentimientos que se relacionen fácilmente con nuestro crecimiento personal. Este material es, además, un punto y aparte tanto técnico como estilístico en su trabajo, dejando su lo-fi nostálgico en el cajón a fin de avanzar a lugares donde bebe del city pop o el funk para crear canciones que conecten en una de nuestras necesidades más básicas: la de bailar. Platicamos con él sobre su nuevo álbum. A continuación lo que nos dijo. En el futbol existe la máxima de que todo autogol es un golazo. En ese sentido, podría decirse que el autosabotaje es también un arte. Nos parece curioso y muy valiente destaparse con esa honestidad en un disco. ¿Por qué dedicarle una obra a ello? Esa palabra que dices, “dedicar”, es importante porque mucha gente ve la música como un objeto que se dedica y pues yo también participo en esa práctica. Escribí el disco con la intención de dedicárselo a alguien. Dije “es un disco bonito, romántico, lo voy a dedicar”. Y no fue así para nada. Se lo mandé y me respondió diciendo que le parecía algo completamente hiriente. Me di cuenta de que no estaba hablando de cosas lindas. Estaba hablando de lo que yo sentía, de mis errores. Y en ese intento de hacer gol pasó todo lo contrario, me anoté un autogol. Sin embargo, me sentí empoderado por ese sentimiento de que cuando me equivoco, me equivoco bien. Y sí, ese es el espíritu del disco, hablar del autosabotaje, hacer las cosas mal pero al menos hacerlo con seguridad y sin miedo. Pasa lo que pasa y listo, a lo que sigue. A la vez, es un disco que cierra con algo de esperanza. En el outro dices “confía en el tiempo que todo lo puede resolver”. ¿Qué tipo de mensaje quieres dejar y cómo lo relacionas con tu propia vida? Siento que en el pasado con mi música he tenido como una conexión con la nostalgia, la melancolía y se me ha pasado con el tiempo. Ya no me interesa tanto. Creo que la nostalgia y la depresión son muy bonitas y muy estéticas, pero en la vida me he sentido más capaz, más optimista por así decirlo, y no quería que el disco tuviera un final trágico. Después de todo lo que ha pasado, quería decir que las cosas están saliendo bien, ese espíritu de no importa lo que hagas al final todo estará bien. También quería que estéticamente hubiera canciones completamente enfáticas como “Es Mejor Correr Que Caminar” o “La Vida Está Rara”, pero que igualmente hubiera temas un poquito más reflexivos como “Hasta Nunca” o “La Taza de Porcelana”, que pudieran decir “esto no es mezquindad, es ser un imbécil, pero no es lo mismo, es un error humano”. Leíamos en una publicación que tu último álbum Párpados Cerrados era “un último ejercicio musical antes de un cambio de estilo”. ¿Cómo definirías ese cambio, si es que sucedió, y a qué suena Duplat ahora? Es un cambio que ha sucedido por completo. Siento que, precisamente, tal vez por estos cambios en mis dinámicas sociales, ya no quiero quejarme. Quería que mi música plasmara esa impetuosidad. En vivo también es un gran factor. La música tranquila e íntima en vivo no funciona, es mi opinión. Uno ve a alguien ahí gritando el alma y siendo más extrovertido, más exterior y tiene otro efecto. Entonces, yo quería en Autogol empezar a probarle a este sentimiento de fuerza. Tomarle eso al rock, tal vez no tomarle cosas tan instrumentales o musicales, pero sí ese espíritu impetuoso. Y también está esa influencia levemente del disco, del city pop, un poquito del funk. Tienen ese elemento de fiesta, de energía. En muchos lados te siguen definiendo como “el pianista”, “el académico”. Aunque claro que forma parte de ti, eres un artista más complejo. ¿De qué manera lo tomas? Sí, es un tema complejo porque el mundo clásico académico es algo que para mí es muy familiar y que es difícil sacárselo de la identidad. Yo amo esa música en su abstracción, pero en la práctica no me gusta, es un medio intrincado. Sin duda quería alejarme de esa etiqueta e implementar algunos principios generales de esa música que siempre funcionan. Eso me atrapó mucho de la música disco o del city pop, son arreglos de vientos y de cuerdas que obviamente escribió alguien que estudió en un conservatorio. Me gusta esa mezcla de lo académico con lo pop. No sé, escuchar un disco de Quincy Jones y desde su complejidad entender que eso es pop. Desde una perspectiva más técnica, ¿cómo cambió el proceso de hacer el disco? Yo antes había hecho todo en su gran mayoría autoproducido y grabando todo casero, viéndolo muy indie, pero ya no quería eso. Empecé a valorar mucho también el confiar en otras personas que compartan su visión y que sean especialistas en tocar cada uno de los instrumentos. El principal apoyo que tuve ahí fue Nicolás García Zaldúa, baterista de TELEBIT, en la batería del álbum. Algunos bajos los hice con mi hermano, que es guitarrista. Pero creo que el gran elemento que le dio color al disco fue que me enamoré de los metales, las trompetas, los trombones, encima del saxo que yo ya medio manejaba. Entonces tuve que ir a un estudio a grabar. Yo nunca en mi vida había grabado en un estudio, no lo veía necesario. Pero esta vez dije “no voy a ser tan mediocre, voy a hacerlo bien”. Todo eso, más mezclarlo con gente externa, le dio un subidón en calidad sonora. A partir de todo lo anterior, ¿cómo te gustaría que tu música sea procesada por la gente de ahora en adelante? Creo que el pop es una música que uno concibe como plástica, pero es complejísima. A la vez, es un gran vehículo, porque el pop es muy accesible, pero puede meter un mensaje tan completo como quieras. El género me ha gustado, porque siento que puedo describir esos sentimientos que yo considero muy difíciles de explicar, pero darlos en un vehículo demasiado legible y demasiado obvio para el público. Si la gente quiere ir a un show a bailar y a emborracharse, está bien, me encanta eso. Si quieren ir a reflexionar y perderse en su cabeza, también me encantaría. Me gusta que yo suelto la música y hay quien me dice que tuvo un impacto personal y profundo en su vida, y hay quien la pone de fondo para hacer tarea. Siento que cuando publico las canciones ya se vuelven justamente públicas, ya no son mías. La música es de los demás.