

Ya con un sonido notablemente de estudio, el segundo álbum de Sam Beam es una representación auténtica de lo que es posible lograr cuando a pesar de los cambios monumentales, se conserva la calidad creativa. Iron & Wine, no necesita arrojar más de la voz susurrante que comparte en cada interpretación, porque si bien sus canciones acústicas externan un acercamiento más personal, la profundidad emotiva es compleja y universal. Algunos encuentran un poco de Elliott Smith, pero Beam extrae ese principio emocional y lo combina magistralmente con otras influencias folk como Nick Drake. Las referencias son tan amplias, que el resultado es un álbum en donde cada escucha, es un apasionante descubrimiento.