John Field: Complete Nocturnes

John Field: Complete Nocturnes

La alegría que sintió la pianista Alice Sara Ott por haber “descubierto” a John Field se manifiesta al recordar con emoción el efecto que le causó escuchar su música por primera vez. “No conocía su obra en lo absoluto; sin embargo, había algo familiar y nostálgico en ella”. Durante el aislamiento por la pandemia de COVID, y en medio de “una frustración profunda”, Ott decidió explorar la obra de un compositor del que había oído hablar, pero que desconocía. “Pensé que los Nocturnos de Field se ajustarían a mi estado de ánimo”, comenta a Apple Music Classical. “Para mi sorpresa, resultaron ser inspiradores; no podía dejar de sonreír al escuchar su música”. El pianista y compositor irlandés de principios del siglo XIX John Field es ampliamente reconocido, al menos de nombre, como el creador del nocturno, un género pianístico hoy consolidado. Para Field, sin embargo, que forjó su carrera en toda Europa y especialmente en la Rusia zarista, el nocturno era el medio ideal para expresar su estilo interpretativo, a la vez poético y directo. El nocturno fue adoptado con gran éxito por el compositor polaco Frédéric Chopin, cuya contribución a este género ha sido interpretada por innumerables pianistas. Sin embargo, la música de Field no sólo fue un preludio a la de Chopin, como Ott descubrió al escucharla por primera vez. “Ni siquiera podía situarla en un periodo. No podía decir si era música clásica del siglo XVIII o romántica del XIX, porque algunos de los Nocturnos de Field sonaban como Mozart o como si fueran de un Beethoven joven”. A pesar de estas comparaciones, los Nocturnos de Field poseen un encanto propio, capaz de cautivar a cualquier público, como Ott descubrió al interpretarlos en Japón. “Estaba muy nerviosa”, recuerda, “porque sentía casi como si estuviera estrenando una obra contemporánea que nadie había escuchado antes. Probablemente el 99% de la audiencia no conocía a John Field. Observé sus rostros mientras tocaba algunos de los nocturnos y reaccionaron exactamente como yo, comenzaron a sonreír de principio a fin”. Dado el estilo directo y aparentemente sencillo de los Nocturnos de Field, ¿cuál es el secreto de su atractivo universal? “Casi todos comienzan de manera muy simple”, explica Ott, “haciéndote creer que su estructura es bastante básica. Pero luego te sorprenden con un giro armónico o rítmico inesperado. Nadie domina el arte de la ornamentación como él; ni siquiera Chopin se le acerca”. De hecho, gran parte del encanto de los Nocturnos de Field reside en la filigrana casi improvisada con la que decoraba su música, lo cual representó el mayor desafío para Ott. “Era algo en lo que debía trabajar más que al interpretar, por ejemplo, la Sonata de Liszt (notoriamente virtuosa), que de alguna manera me resulta más fácil físicamente. Con las ornamentaciones de Field, existen múltiples posibilidades y cada elección influye enormemente en el estado de ánimo general de la pieza. Probé diferentes maneras de interpretarlas y encontrar la que mejor funcionaba para mí no siempre fue sencillo”. A medida que ha crecido su interés por esta música, Ott también ha desarrollado una comprensión más profunda de Field como pianista. “En su época, en todas partes se hablaba de su increíble talento como intérprete”, comenta. “Su dominio de la improvisación es evidente en la manera en que trata la ornamentación”. Para Ott, otro aspecto que hace especial la música de Field es la aparición ocasional de profundidades emocionales ocultas. “La mayoría de sus nocturnos comienzan con una inocencia casi ingenua”, explica. “Pero, de repente, en apenas medio compás, surge una magia que deja entrever una melancolía profunda. Es como pasar junto a una ventana y, más allá del cristal, sentir una emoción que puede ser tristeza o nostalgia, sin poder comprender del todo su complejidad o profundidad. Dura sólo un instante y luego vuelve a salir el sol”. Entonces, ¿qué nocturnos recomienda Ott para captar la amplitud del rango de Field? Sin dudarlo, uno de sus “favoritos absolutos” es el Nocturno No. 10 en mi mayor, el conmovedor y melódico Nocturno pastorale. Además, el Nocturno No. 16 en do mayor le parece encantador. “Es uno de los más largos. Al principio pensaba que tenía muchas secciones diferentes y no sabía cómo hacer que funcionaran juntas. Para mí, es como una ópera, porque está lleno de cambios de ánimo. Presenta escenas diferentes y, de repente, aparece una cantante con una coloratura o un aria barroca que podría interpretar Cecilia Bartoli. Luego, de nuevo, se vuelve muy pianístico. Está lleno de contrastes y eso es lo que más me gusta”.