

Cuatro años después de su debut en una gran discográfica con el triple álbum American Heartbreak, el cantautor de Oklahoma sigue siendo una figura difícil de descifrar. ¿Una superestrella introspectiva y obstinada que reniega de los oropeles de la fama mientras llena estadios? ¿Un cadete de la Marina convertido en héroe folk que copa las listas de éxitos pop y country, a pesar de no hacer realmente música country, ni canciones pop, ni "éxitos"? Las canciones de Bryan son intensas y literarias, marcadas por la nostalgia y el dolor, y apuestan por arreglos desnudos, tomas en directo y fragmentos de conversaciones en el estudio. Abraza la contradicción, huye de los eslóganes y no se casa con ninguna bandera. También le gusta abrir sus discos recitando poesía, como ya hizo en su álbum homónimo de 2023 y en The Great American Bar Scene (2024). Su sexto trabajo, With Heaven on Top, arranca narrando un sueño que tuvo tras una larga conversación con el anterior dueño de su casa de Nueva York, en el que se encuentra de pie en un arroyo de algún lugar de Oklahoma. “Todas las cosas buenas y malas que me habían ocurrido en la vida pasan ante mí flotando corriente abajo”, cuenta mientras los recuerdos desfilan a toda velocidad: bares de mala muerte, jornadas de caza, todas las mujeres a las que ha amado, las peleas, las risas, las victorias y los fracasos que conforman la vida de un hombre. La mayoría de las 24 canciones de With Heaven on Top encuentran al cantante en la carretera, recorriendo Estados Unidos para ofrecer conciertos tan trascendentales como agotadores, o para huir de algo (quizá de sí mismo). A veces, estas viñetas itinerantes pertenecen al recuerdo: huevos revueltos en un restaurante de carretera de California, gastar el último dólar en una cerveza en Ohio, dormir en una furgoneta en Santa Fe… “Best Western is where I call home” (Best Western [una cadena de hoteles] es mi hogar), canta en el tema “Miles”, con la compañía de una Biblia en el cajón de la mesita de noche. La armónica y el pedal de la guitarra flotan como en un sueño. Canciones como “Slicked Back” y “Appetite” suenan más luminosas de lo habitual en Bryan y, de vez en cuando, incluso dejan entrar a una sección de viento. Pero la intimidad siempre está presente, mientras este eterno forastero soporta “cursiladas” como la fama, lucha contra demonios que conoce bien y recorre el país en busca de un lugar al que llamar hogar. Al fin y al cabo, como recuerda en el tema que da título al álbum, no se pueden escribir grandes discos americanos desde la comodidad del sofá: “You won’t find no answers safe at home/You can’t learn heartbreak from a poem” (No encontrarás respuestas desde la seguridad de tu hogar/No puedes saber qué es el desamor leyendo un poema). Y, por todo eso, el viaje por carretera nunca acaba.