

El noveno álbum de Gorillaz llega pocas semanas antes de que su debut cumpla 25 años, un cuarto de siglo que ha dejado huella en las vidas de la banda. De forma parecida al proyecto en solitario de Albarn The Nearer the Fountain, More Pure the Stream Flows (2021), The Mountain gira alrededor de la pérdida y la transformación, dos cuestiones a las que solemos hacernos más sensibles con la edad. A pesar de que el tiempo no parece haber pasado por los personajes animados que los representan, Albarn y Jamie Hewlett, el centro creativo de Gorillaz desde sus comienzos, están más cerca de los 60 que de los 50 y los dos perdieron a sus padres durante el verano de 2024, cuando ya estaban trabajando en el nuevo álbum. “Hay dolor”, confiesa Albarn a Matt Wilkinson de Apple Music Radio. “Es personal, pero la idea es que lo pueda escuchar todo el mundo, quizás con una advertencia sobre lo doloroso de las letras”. Como parte del duelo posterior, Albarn esparció las cenizas de su padre en Varanasi, una ciudad a orillas del Ganges en el norte de la India. Los dos años anteriores, Hewlett había pasado largas temporadas en Jaipur, la capital de Rajastán, para ayudar a cuidar de su suegra después de que sufriera un derrame cerebral. Enfrentados a la mortalidad en tierra extraña, ambos encontraron inspiración para el proyecto. “Es un lugar alucinante en lo visual”, explica Hewett. “Ves pasar siglos de historia por la calle. De repente, pasa un tipo montado en un caballo blanco y vestido con un traje de hace 500 años. También te puedes encontrar con una pira funeraria o una boda. Después coges un tuctuc y ves circular coches de todas las épocas junto a vacas, caballos, mulas y perros. O de pronto te cruzas con un elefante. Si eres artista, músico o alguien creativo en general y el país no te vuela la cabeza, está claro que te falta creatividad. Todo está delante de ti. Vuelves con la mente llena”. El influjo del país se nota al instante en el sonido del álbum, grabado en parte en algunas de sus ciudades. Una vez más, la banda toma elementos de distintos géneros para transformarlos, esta vez con la participación de instrumentistas como Anoushka Shankar, Ajay Prasanna, Amaan Ali Bangash o Ayaan Ali Bangash, que incorporan los ritmos y texturas de la música clásica india. También la actitud local frente a la muerte, tan diferente a la solemnidad británica, se deja sentir en las nuevas canciones. “La pregunta es por qué”, apunta Albarn. “No es que no podamos abrirnos a las ideas que encuentras por todas partes en la India. Tampoco es el único país que tiene una relación interesante con la muerte. En México o Ghana, por ejemplo, también encuentras colorido y alegría frente a ese dolor austero que se nos da tan bien. No solo nos reunimos en un crematorio, sino que además el cielo está gris y hace frío”. La muerte inspira cálidas expresiones de amor en The Mountain. “The Sweet Prince” lleva a Albarn junto a la cama de su padre durante sus últimas horas, “mirando al otro lado del vacío” y despidiéndose antes de que emprenda el “camino trazado a la próxima vida”. La esperanza es palpable en “The Shadowy Light”, donde la voz de la leyenda de Bollywood Asha Bhosle ilustra un viaje a otra vida sobre synth-pop efervescente y Gruff Rhys (Super Furry Animals) canta “I shed, I shed my skin/The end is the beginning” (Mudo, mudo de piel/El final es el principio). Albarn convierte “The Hardest Thing” en una elegía. A menudo su voz suena turbia y distorsionada en los discos de Gorillaz, como palabras grabadas en un contestador automático, tal vez las suyas o quizás las de su avatar bidimensional. Sin embargo, aquí suena natural y vulnerable cuando absorbe el devastador dolor de la pérdida en el verso “The hardest thing is to say goodbye to someone you love” (Lo más difícil es decir adiós a alguien a quien quieres). A continuación, “Orange County” retoma esa misma idea bajo un prisma más optimista y la viste con una flauta de tono vivaz y el sitar de Shankar. “Es la misma canción”, aclara Albarn. “Es un poco como si sintieras algo en una habitación y después entraras en otra que tiene la iluminación adecuada y huele bien. Es una habitación diferente, pero podría ocupar exactamente el mismo espacio. Son las dos caras de mi moneda filosófica”. Ese hilo conductor también animó a Gorillaz a rescatar de sus archivos grabaciones con colaboradores que nos dejaron. “Juntamos collages, fotografías y recuerdos de gente con la que tuvimos el privilegio de trabajar”, explica Albarn. “Oya, e dide erori” (“Despierta, querida” en yoruba) dice el icono del afrobeat Tony Allen en “The Hardest Thing”. El rugir intempestivo de Mark E. Smith corta como un cuchillo a través de la calma celestial de “Delirium”. “The Moon Cave” conecta esta vida con la siguiente en la voz de Bobby Womack y un intercambio de rimas entre Black Thought (The Roots) y el añorado Dave Jolicoeur de De La Soul. “Eran muy buenos amigos desde siempre”, recuerda Hewlett. “Lo que grabó Black Thought es una conversación con un amigo que está en otro lugar”. Por más que abunden los momentos profundamente personales, The Mountain también lanza una mirada al mundo de hoy. Joe Talbot de IDLES llama a cuestionarlo todo sobre el dub apocalíptico de “The God of Lying”, Sparks hacen el papel de autócratas en “The Happy Dictator” y “The Plastic Guru” denuncia la manipulación de la verdad y las creencias con la guitarra de Johnny Marr de fondo. Tan curiosos, audaces y reflexivos como siempre, Gorillaz suenan revitalizados a lo largo y ancho del álbum. El final es un nuevo comienzo. “Fue una gran aventura”, concluye Hewlett. “Nos recordó que para hacer algo realmente bueno, tienes que ir a un lugar en el que nunca hayas estado, vivir una experiencia nueva en lugar de encerrarte en un estudio de Los Ángeles o Londres. Esta vez fue la India. Y nos dio muchísimo”.