LUX

LUX

LUX, el cuarto álbum de larga duración de ROSALÍA, solo tiene “algunos fragmentos” de ella en las letras de sus canciones; y la artista prefiere que así sea. “Creo que en las mejores obras de ficción se desdibujan las líneas entre lo personal y lo universal, lo concreto y lo abstracto, lo implícito y lo explícito”, explica la estrella española a Apple Music. “El disco es una mezcla: al haberlo escrito yo, muestra una parte de mi verdad; pero lo cierto es que va mucho más sobre otras que sobre mí”. Con “otras”, ROSALÍA se refiere a varias santas, como Anandamayi Ma, Santa Rosa de Lima, Hildegard von Bingen, la mística sufí Rabia al Adawiyya y otras mártires de diferentes culturas, siglos y continentes, a quienes estudió con ahínco tras su tercer álbum. En lugar de escribir sobre la situación emocional que atravesaba después del lanzamiento de MOTOMAMI (2022), incluida la ruptura con su antiguo colaborador y prometido, Rauw Alejandro, la artista encontró la inspiración para su siguiente proyecto en los libros de teología. Tras un arduo estudio, ROSALÍA mezcló las experiencias y lenguas de estas mujeres religiosas con las suyas propias. “¿De dónde venían? ¿Qué idiomas hablaban?”, se preguntó. “Había muchas mujeres, que eran monjas, que eran poetas, y me resultaban interesantísimas. Y me propuse leer lo que escribieron e intentar contar sus historias”. ROSALÍA invoca a estas santas en LUX en varios idiomas: además de en sus lenguas maternas (español y catalán), también canta en árabe, japonés, francés, portugués, italiano, ucraniano, alemán, etcétera, a través de las cuales cuenta historias de funerales con infinidad de flores, romances imposibles, amores no correspondidos y diversas crisis de fe. La artista presentó al mundo entero su singular fusión de flamenco y pop con EL MAL QUERER (2018) e introdujo el reggaetón en su discografía con MOTOMAMI; y ahora LUX continúa la estela de sus predecesores a partir de una base operística de gran dramatismo, que combina la intensidad lírica con destreza vocal y florituras orquestales. En muchos temas, el cajón flamenco y las palmas casan a la perfección con una base urbana, el autotune y una música de cuerda sombría, como ocurre en “De Madrugá”. Su voz se eleva sobre cada melisma flamenco con total facilidad (“La Rumba Del Perdón”), se entreteje con un violonchelo siniestro (“Porcelana”), viaja sin aliento a través de un suave rasgueo de vals (“La Perla”) o alcanza notas operísticas tanto en la exquisita “Reliquia” como en “Mio Cristo Piange Diamanti” (su versión de un aria) y la cruda y surrealista “Berghain” (en colaboración con Björk e Yves Tumor). La colaboración con la Orquesta Sinfónica de Londres sirvió a ROSALÍA para dar a LUX la profundidad sinfónica que merecía y, en ocasiones, la envergadura del proyecto le resultaba infranqueable. “Se me puso la piel de gallina muchas veces mientras grababa las partes vocales”, dice. “No creo que nunca antes haya llorado tanto haciendo un álbum; ni creo que haya llorado tanto grabando las partes vocales. Quizás no quería pasar por esto antes. Pensaba que no estaba lista. Sabía que tenía que hacer un álbum como este, pero aún no me sentía preparada”. Da igual si se dio cuenta o no en ese momento, pero sin duda estaba preparada para LUX y todo su halo de gloria. Ha ido trazando su rumbo hacia este álbum a través de la escritura, sin cortarse con la instrumentación, la devastación ni el lenguaje. “MOTOMAMI era minimalista”, dice. “LUX es puro maximalismo”.