

Al igual que los llamados “slackers” del rock alternativo de principios de los 90 (como Beck, Pavement, etc.), el truco de Mac DeMarco consiste en hacer música hermosa sin aparente esfuerzo: un tipo tan tranquilo que, en vez de escribir canciones, más bien parece que espera que los temas se le acurruquen en el regazo. Desde el exitazo de Salad Days, Guitar es su álbum más sutil e impactante, ya que se despoja de las viscosas texturas de sintetizador y las burbujeantes cajas de ritmos de su sonido inicial para revelar un soft rock delicado cuyas inquietantes melodías y suaves progresiones de acordes de jazz tienen más en común con el pop de los años 40, como The Ink Spots y The Platters, que con cualquier tema del underground (“Sweeter”, “Nightmare”). Al principio de “Holy”, canta “Miracle, reveal yourself to me” (“Milagro, revélate ante mí”), con una quietud meditativa que recuerda a John Lennon o Al Green en sus comienzos. Aunque pudiera sonar débil en un principio, es fácil darse cuenta enseguida de que un sonido tan seco y en bruto no deja lugar para esconderse. Y ahí radica su fuerza.