

Antes del lanzamiento de Gaïa, un álbum con 17 piezas nuevas sobre la relación del ser humano con la Tierra, Gautier Capuçon emprendió una investigación a gran altitud. A comienzos de 2025, se puso los esquís, se colgó el violonchelo a la espalda y ascendió hasta una cresta nevada del Mont Blanc, en los Alpes franceses. Natural de la vecina región de Saboya, el músico ya había escalado antes algunas zonas de esta montaña de 4800 metros. Pero esta vez fue diferente. No solo llevó un equipo de rodaje para filmar su interpretación de la pieza que abre el disco, “Sequence for Gaïa” de Max Richter, sino que también pudo observar de cerca el retroceso del glaciar Mer de Glace. “Nací en Saboya y siempre he estado muy ligado a la naturaleza, a las montañas y al esquí”, cuenta a Apple Music Classical. “Por supuesto, todos somos conscientes del cambio climático y del deshielo de los glaciares”. Aun así, la gran diferencia en la profundidad de la nieve desde su última visita le impresionó profundamente. “Me quedé impactado al ver lo que había cambiado en solo cinco o seis años. La diferencia era enorme”. Concebido como un himno a la belleza amenazada del planeta, Gaïa reúne a 16 artistas de estilos tan diversos como la música clásica, la electrónica, el jazz, el pop más sensible y el posminimalismo. Las sesiones de grabación tuvieron lugar en Schloss Elmau, un balneario de Baviera con una espléndida sala de cámara. “Algunas piezas son muy luminosas, llenas de sonrisas y felicidad, y otras expresan una gran preocupación”, explica Capuçon, quien aclara que el título alude a la diosa griega de la Tierra. Richter, célebre por su reinvención de Las cuatro estaciones de Vivaldi, evoca aquí las suites para violonchelo de Bach en un retrato cinético de una travesía alpina. Bryce Dessner contribuye con dos cautivadoras piezas inspiradas en los paisajes de Edvard Munch: Towards the Forest y Towards the Light. “Son minimalistas, pero también muy libres”, señala Capuçon. “No es una improvisación real porque toco exactamente lo que escribió Bryce, pero realmente siento que estoy improvisando, y creo que encajan perfectamente con la naturaleza”. Junto con Richter y Dessner, el universo “neoclásico” está representado por compositores italianos como Ludovico Einaudi, con la suntuosa “Air”, y Olivia Belli, con la radiante “Tàmâr Mĕtūshelāḥ”. J. B. Dunckel, mitad del dúo electrónico francés Air, firma “Wake” para el septeto de violonchelos Capucelli de Capuçon. “Era una de las primeras veces que [Dunckel] componía para este tipo de instrumento y de atmósfera”, recuerda. “Se le notaba la ilusión en la mirada. Parecía un niño cuando escuchó por primera vez lo que hacíamos con los siete violonchelos”. Otros compositores exploran fenómenos naturales desde su propia mirada. Nico Muhly evoca el fluir del agua en la ondulante y vibrante “Side Piece” para violonchelo y piano. “The Usual Illusion” de Missy Mazzoli recrea el espejismo conocido como Fata Morgana. Y haciendo uso de todo el potencial de Capucelli, Armand Amar pinta con “Boreas” paisajes nórdicos azotados por el viento, mientras que “Of Wind and Rain” de Quenton Blache avanza con un impulso constante y casi hipnótico. En las piezas de aire más pop, la naturaleza pasa a un segundo plano, pero aportan su propia calidez y vitalidad, ya sea el efervescente “Forever Home” de la violonchelista y vocalista Ayanna Witter-Johnson, el alegre “Life in Sunshine” de Jasmine Barnes, o “Ambition” de Xavier Foley, que revela a un convincente Capuçon en clave de bluesman. La más inclasificable de todas es “Toro Tsa Kwa”, del violonchelista y cantante sudafricano Abel Selaocoe, una explosiva mezcla vocal de canto gutural, chasquidos y armónicos que saltan de un ritmo a otro. “Fue un gran desafío porque estaba tocando encima de lo que él ya había grabado con su voz, y es una pieza muy rítmica”, explica Capuçon. “Tuve que sumergirme en su universo y adaptarme a su tempo, a su forma de hablar y de cantar. Fue una experiencia inspiradora y hermosa”. El tono esperanzador de este tema resume el espíritu del álbum. “Es cierto que la mayoría de las piezas celebran la belleza de nuestro planeta y la gran suerte que tenemos”, reflexiona Capuçon. “Pero también es una forma de recordarnos que tenemos la responsabilidad de cuidarlo”.