

Grabado en parte en una cabaña de los bosques de Wisconsin, el debut de Justin Vernon como Bon Iver está marcado por una sensación de aislamiento. El sonido, crudo y directo, captura poco más que la voz y las guitarras acústicas de Vernon, pero es suficiente para emocionar desde la primera escucha. Aunque es imposible no destacar canciones como “Skinny Love” o “For Emma”, este viaje invernal por corazones dolientes y vidas borrosas es mucho más que la suma de sus partes.