

Cuando A$AP Rocky empezó a despuntar en internet a comienzos de la década de 2010 como rostro y figura visible del influyente colectivo de Harlem conocido como A$AP Mob, ya apuntaba maneras de estrella gracias a su atractivo, su buen ojo para las tendencias y un sonido que bebía del rap callejero neoyorquino, las cintas de DJ Screw y la electrónica underground. Tras el éxito de su aclamada mixtape de debut, LIVE.LOVE.A$AP (2011), el rapero de Harlem no tardó en ascender a las altas esferas del hip-hop, donde puso a prueba los límites del género y del estilo. Sin embargo, durante años, Rocky canalizó gran parte de sus ambiciones en otros frentes: probó suerte en la interpretación con papeles en Del cielo al infierno y Si pudiera, te daría una patada (ambas de 2025), copresidió la Met Gala de 2025 (para la que diseñó su propio look) y, mientras tanto, se convirtió en la mitad de una de las parejas más icónicas de la cultura pop, formando una familia junto a Rihanna. Algunos llegaron incluso a preguntarse si este “fashion killa” había dejado atrás definitivamente el rap. Su esperado cuarto álbum de estudio, Don’t Be Dumb, despeja cualquier duda al respecto. Este larga duración, el primero que lanza desde TESTING (2018), es la prueba de que después de ser padre de tres hijos, sigue hambriento por mantenerse en la élite del hip-hop. Alternando descaro y sofisticación, este álbum es un regreso al rap artístico, elegante y seguro de sí mismo de su debut en una gran discográfica en 2013, y en él no escatima en indirectas a quienes le han copiado y traicionado. “Stole my flow, so I stole your bitch/If you stole my style, I need at least like 10 percent” (Me robaste el flow, así que te robé a tu chica/Si me robas el estilo, tienes que darme al menos un 10 por ciento), se burla en “STOLE YA FLOW”, el último de una serie de dardos nada sutiles a Drake. En “STOP SNITCHING”, apunta directamente a un antiguo miembro de A$AP Mob que testificó contra él en un juicio por agresión grave en 2025, del que Rocky salió absuelto. Quince años después del inicio de su carrera, este rapero de 37 años se ha ganado el estatus de veterano respetado del hip-hop, y Don’t Be Dumb suena acorde a esta madurez, deslizándose hacia el jazz en “ROBBERY” (con un sample de Duke Ellington y la colaboración de Doechii) o recreándose en un dream pop psicodélico en el single “PUNK ROCKY”. Aun así, su gran habilidad para seleccionar talento sigue intacta: ¿quién si no reuniría a Westside Gunn improvisando sonidos de disparos sobre coros de Damon Albarn, como en “WHISKEY (RELEASE ME)”, o combinaría el psych-pop hechizante de Jessica Pratt con versos apocalípticos de will.i.am (“THE END”)? Y en el tema dividido en dos partes “DON’T BE DUMB / TRIP BABY”, los ritmos de corte clásico de antiguos colaboradores como Clams Casino y Harry Fraud llevan a este malote con pinta de modelo al punto exacto donde empezó todo.