Sexistential

Sexistential

“Sentí que volvía a estrellarme contra mí misma”, confiesa Robyn a Apple Music sobre el proceso de creación de su noveno álbum de estudio. “Quería que el disco tuviera un gran impacto”. Teniendo en cuenta la transformación que ha vivido la santa patrona del dance pop sueco desde el lanzamiento de Honey en 2018, no es difícil entender por qué. Tras años de giras internacionales sin descanso, la pandemia la obligó a quedarse en casa, en Estocolmo. Aprovechó aquel parón forzoso para trabajar en nuevas canciones y, al mismo tiempo, intentar formar una familia. “No podía viajar y todo lo que quería hacer se vino abajo”, explica. “Decidí ser madre y hacer un disco, pero cuando nació el bebé, no pude seguir trabajando”. Los temas en los que estaba trabajando junto a Klas Åhlund, su colaborador habitual, quedaron en pausa mientras se adaptaba a la maternidad. Sin embargo, ese paréntesis le dio una nueva perspectiva, oídos curiosos y un apetito voraz por experimentar. “Tuve que retomarlo todo después de varios años, pero ha sido una etapa muy tranquila y muy bonita para mí”, añade. “Vuelvo a la música con una inspiración renovada”. Sexistential es, por tanto, justo lo que cabría esperar de la artista que perfeccionó el arte de la confesión en la pista de baile. Si su emblemático “Dancing on My Own” era el monólogo interior de alguien que anhela un amor no correspondido, en “Sucker for Love” Robyn abandona ese rincón, irrumpe en la cabina del DJ y coge el micro para contar su verdad: “You think I’m soft/Like that’s a flaw somehow... I’m not that tough, who wants to be that way?” (Crees que soy blanda/Como si eso fuera un defecto... No soy tan dura, ¿pero quién quiere ser así?). El resto de los cortes de Sexistential mantiene esa mezcla de euforia, enamoramiento y catarsis, pero con letras más directas y un punto descarado, sin filtros. Robyn abraza su sexualidad sin tapujos: “Talk to Me” se adentra en el sexo telefónico, mientras que el tema que da título al álbum juega con la conversación que mantuvo con un médico de fertilidad sobre su donante de esperma ideal. Ambas canciones van más allá de la superficie sensual para profundizar en la soledad, el deseo y la conexión. Pero el amor sigue siendo su eterna musa, y “Dopamine” explora sus efectos más vertiginosos. “Es curioso cómo queremos creer que tenemos el control, cuando en realidad no somos más que unos puntitos en una roca que va dando vueltas por el espacio, y esa ilusión es muy frágil”, reflexiona. "Además, vivimos en una sociedad en la que la dopamina está presente en todo lo que hacemos, ¿no? Pero esta canción también habla de cómo ahora nos asusta, y no debería ser así: no deberíamos tenerle miedo al amor”.

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