Infinito

Infinito

Como un explorador que se adentra en el bosque y deja piedras en el camino para marcar su regreso, en su noveno álbum de estudio Yandel avanza entregando pistas sobre su pasado: “Antes quería ser gángster, y me rodeé de maleantes / Y de la nada soy cantante, ¿cuál de mis palos quiere que cante?”, entona la leyenda de Cayey en “Scarface”, el track número 13 del disco. Sin embargo, Infinito peca más de egoísta, en un sentido positivo, que de íntimo y personal. Un tiburón blanco que simboliza el dominio y el poder bajo las fauces de Yandel ilustra la portada, con un título que a su vez representa la inmensidad de los mares que patrulla el boricua. 17 canciones fluyen de manera continua en un viaje sonoro que parece no tener fin, y que cubre latitudes tropicales cercanas al afrobeats o al dancehall (“Rondando”, “Rastafari”), pero que también se acerca hacia momentos más industriales y hasta caóticos (“El Trote”, “En Privado”). Todo aparece como el testamento definitivo de un artista en su peak, confiando en su presente, pero sin olvidar su pasado: “Somos legendario’, sicario’, millonario’, empresario’, del barrio”, canta en “Calol”.